Día de la Raza, el debate necesario

En uno de sus libro, el escritor uruguayo Eduardo Galeano expresa con estas palabras, en las que la sencillez no mengua lo trágico del mensaje, el sentimiento de los aborígenes en su encuentro con la conquista. Dice así:

“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: `cierren los ojos y recen ´, y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia…”

Este mensaje tiene como propósito que los más jóvenes conozcan la realidad de muchos, que siendo los legítimos dueños de América, han sido despojados de todo, no sólo de los bienes materiales sino también de aquello que da la identidad a un hombre: su historia cultural, su lengua, su religión.


No debemos olvidarlos, pues la amnesia es el más triste privilegio de los países pobres. Los países ricos también aprenden a ignorar, su historia oficial no cuenta, entre muchas cosas, la historia de su riqueza, la que proviene en gran medida de la pobreza ajena, sin que le duela la conciencia, ni le arda la memoria.
Europa pudo confirmar que la tierra no es redonda, razón tenían los antepasados: el mundo es un plato, y más allá del abismo; allí yace América Latina.

La misma historia oficial nos invita a ver museos de momias. Así no hay peligros, se puede estudiar a los indios que murieron hace siglos, y a la vez, se puede ignorar a los indios que viven ahora. Se pueden admirar las ruinas portentosas de los templos de la antigüedad, mientras se asiste de brazos cruzados al envenenamiento de los ríos y el arrasamiento de los bosques donde los indios tienen su morada en la actualidad.

La conquista continúa en la actualidad en toda América, y contra los indios continúan los desalojos, los saqueos y las matanzas; el desprecio es difundido por los medios de comunicación, donde se enseña el autodesprecio: en plena época de la televisión los niños indios juegan a los cow-boys, y raro es encontrar quien quiera hacer el papel de indio.



Los indios de América viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una maldición. Cada dos peruanos, uno es indio, en la Constitución peruana el quechua y el español son idiomas oficiales, sin embargo se enseña y habla el español y es el único idioma que entienden los jueces, policías y funcionarios.

Así, un mejicano ingresado ilegalmente a los Estados Unidos iba a ser encerrado de por vida en un asilo por ser considerado retardado mental, porque no se entendía con la intérprete española. Los antropólogos aclararon la situación: este mejicano de Oxaca se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, heredada de una cultura de más de 200 años de antigüedad.

Los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema y para que dejen de serlo, es preciso dejar de ser indios.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, en América Latina ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado.

Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de tierra y siguen condenados a la negación de su identidad diferente.

Se es persigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.
Al principio, el saqueo y el otricidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos, ahora se cumple en nombre del Dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves que nos pueden dar la esperanza de otra América posible.

  Omar Rojas
Secretario General
Departamental Azul
Compañero, el debate esta abierto. Escribí a prensajb@speedy.com.ar
y dejá tu opinión para publicar en esta sección


Cerrar esta ventana