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Los trabajadores
judiciales, durante la década del ´70, fuimos parte
de una historia de lucha no sólo por nuestras reinvindicaciones
específicas, sino también en función de lograr
un cambio social.
Sufrimos las consecuencias del terror implementado con el golpe
del ´76. Compañeros asesinados, compañaros desaparecidos,
compañeros presos, cesanteados y exiliados.
Compañeros como el “Taca” Pérez, que murió
de pena y dolor frente a la cesantía como trabajador judicial
que le propinó la dictadura. Judiciales que en toda la provincia
sufirieron las consecuencias del terrorismo de Estado en todas sus
formas.
Por eso hoy, desde la departamental La Plata, queremos recordar
al compañero Raúl Alonso, que luchó hasta las
últimas consecuencias, dando su vida por un país mejor.
El sitio que históricamente ha sido el lugar de nuestras
asambleas, nos trae permanentemente el recuerdo de nuestro querido
gordo.
Raúl perteneció a una generación que fue perseguida,
reprimida y diezmada físicamente. Una joven generación
que dio lo mejor de sí misma, que luchó para alcanzar
una sociedad más justa, más solidaria.
Como delegado de su sector en Administración, conducción
de la Agrupación Evita, de la Lista Azul y Blanca y militante
de la Juventud Trabajadora Peronista, abrazó el proyecto
Montoneros, como miles de militantes en aquella época.
Pero lo que más recordamos de Raúl es que fue un verdadero
dirigente sindical.
Cuando se produce el golpe, un grupo de compañeros tomamos
la decisión de no volver a nuestros lugares de trabajo. Ya
nos estaban buscando, nos seguían el paso y sabíamos
perfectamente, a causa de la represión desatada, lo que podía
ocurrirnos. La renuncia de Raúl, palabras más, palabras
menos, entre otras cosas decía que “abandono mi puesto
de trabajo pero no la lucha, porque siempre voy a estar junto al
pueblo”.
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La noche del 8 de marzo de 1977,
en una vivienda de los monoblocks de Villa Elisa, Raúl
y su compañera fueron cercados por efectivos militares
armados, como para enfrentar a un batallón, evacuaron las
viviendas de los vecinos y le dieron media hora para entregarse.
Antes de cumplirse el plazo, pusieron la marcha peronista a todo
volumen, y resistieron en combate desigual toda la noche sin rendirse.
Durante años la casa quedó destruída, fue
una imagen más del terror que implementaron los militares.
Todos tenemos un pedacito de Raúl Alonso
dentro nuestro, todos tenemos un pedacito de cada compañero
desaparecido; y el mejor homenaje que hoy podemos hacerles es
juntar todos esos pedacitos con el compromiso de no olvidar, tener
memoria y seguir luchando y soñando por una patria libre
y una sociedad más justa, sin explotadores ni explotados.
La noche del 8 de marzo de 1977, en una vivienda de los monoblocks
de Villa Elisa, Raúl y su compañera fueron cercados
por efectivos militares armados, como para enfrentar a un batallón,
evacuaron las viviendas de los vecinos y le dieron media hora
para entregarse.
Antes de cumplirse el plazo, pusieron la marcha peronista a todo
volumen, y resistieron en combate desigual toda la noche sin rendirse.
Durante años la casa quedó destruída, fue
una imagen más del terror que implementaron los militares.
Todos tenemos un pedacito de Raúl Alonso dentro nuestro,
todos tenemos un pedacito de cada compañero desaparecido;
y el mejor homenaje que hoy podemos hacerles es juntar todos esos
pedacitos con el compromiso de no olvidar, tener memoria y seguir
luchando y soñando por una patria libre y una sociedad
más justa, sin explotadores ni explotados. |