Periódico de la Asociación Judicial Bonaerense - Edición Nš 248 / Abril de 2008 - www.ajudicial.org.ar - email: prensajb@speedy.com.arm.ar

 

Homenaje al judicial
Raúl Alonso,
asesinado por la dictadura

Los que
luchan, los imprescindibles

 

 

   

En la sede de la Asociación Judicial Bonaerense, ubicada en la capital provincial, se llevó a cabo el último 30 de marzo un muy emotivo homenaje artístico y musical para recordar al judicial Raúl Alonso, salvajemente asesinado por la dictadura militar un día como ése, pero en 1977.

La actividad fue organizada por las secretarías de DD.HH a nivel provincial y de la departamental La Plata, además de la secretaría de Cultura local.

Y fue artístico-musical porque los jóvenes judiciales que ejecutan distintos instrumentos (violín, bandoneón y demás) no quisieron estar al margen de ese trascendente acontecimiento, ya que se cumplían exactamente 30 años desde que la dictadura genocida se llevó a ese trabajador judicial, que supo desempeñarse en el área de Administración en la Justicia platense.

Hugo Blasco, secretario general de la AJB; Rafael Moreno, Nelly Santa María y Julia Bertomeu, respectivamente secretarios general, gremial y de DD.HH. de los judiciales platenses; Julia Bertomeu; Miguel Verón, de Mercedes, y Adrián Andrada, judicial de San Martín y responsable de DD.HH a nivel provincial, fueron los oradores y presentadores.

“Este es un homenaje a una generación -destacó Andrada- y a un grupo de judiciales que por sus firmes convicciones por liberar la Patria, sufrieron la cárcel, el exilio, debieron abandonar sus empleos, o fueron directamente asesinados por la dictadura genocida, como es el caso de Raúl Alonso”.

Cada intervención estuvo cargada de un sentimiento especial, imposible de reflejar en palabras, y como sólo pueden hacerlo quienes vivieron muchos e intensos momentos junto a Alonso, militante de la Juventud Trabajadores Peronistas; y ese fue el caso de los judiciales Verón y Nelly Santa María: “Fue muy fuerte cuando decidimos dejar de ser judiciales por el acoso de la dictadura, donde sentimos el profundo dolor al dejar de pertenecer”, dijeron.

Y entre las motivaciones para esa actividad también estuvo la de reconocer el sacrificio de ese militante judicial, para que lo conozcan las nuevas generaciones y porque hoy bien podría estar recorriendo los tribunales y alentando la pelea por la Porcentual y mejores condiciones laborales. Como uno más, con eso de único, irrepetible e irreemplazable de los seres humanos que luchan por un mundo mejor.

"El Norito" Raúl Alonso

A treinta años, te sigo extrañando, te seguimos extrañando. Yo como compañero-amigo o amigo-compañero, o sea, compañero…

Porque fuiste un compañero como todo compañero que compartimos los sueños de un mundo más justo, sin hambre ni injusticia.

Te recuerdo de los tiempos de pasillos de tribunales de 13 y los subsuelos donde, con otros compañeros, construimos un espacio en judiciales (trunco por la dictadura) con volanteadas, pegatinas y pintadas casi siempre "clandestinas", pateando y chamuyando con los compañeros para construir otro camino.

Con la gorda Sara, Nelly Santamaría, "el Muti" Ruiz Díaz, Carlitos Cambre, Graciela Ponce de León, Silvia Deavis, Beatriz D´Angelo, "el flaco" Ciñais, Marcela y otros tantos compañeros.

Creo que hoy todos tenemos un hueco en el alma porque nunca más pudimos ser lo que fuimos…

"La Bruja" Verón, Mercedes, 08/03/2007

 


  Los trabajadores judiciales, durante la década del ´70, fuimos parte de una historia de lucha no sólo por nuestras reinvindicaciones específicas, sino también en función de lograr un cambio social.
Sufrimos las consecuencias del terror implementado con el golpe del ´76. Compañeros asesinados, compañaros desaparecidos, compañeros presos, cesanteados y exiliados.

Compañeros como el “Taca” Pérez, que murió de pena y dolor frente a la cesantía como trabajador judicial que le propinó la dictadura. Judiciales que en toda la provincia sufirieron las consecuencias del terrorismo de Estado en todas sus formas.

Por eso hoy, desde la departamental La Plata, queremos recordar al compañero Raúl Alonso, que luchó hasta las últimas consecuencias, dando su vida por un país mejor. El sitio que históricamente ha sido el lugar de nuestras asambleas, nos trae permanentemente el recuerdo de nuestro querido gordo.

Raúl perteneció a una generación que fue perseguida, reprimida y diezmada físicamente. Una joven generación que dio lo mejor de sí misma, que luchó para alcanzar una sociedad más justa, más solidaria.

Como delegado de su sector en Administración, conducción de la Agrupación Evita, de la Lista Azul y Blanca y militante de la Juventud Trabajadora Peronista, abrazó el proyecto Montoneros, como miles de militantes en aquella época.
Pero lo que más recordamos de Raúl es que fue un verdadero dirigente sindical.

Cuando se produce el golpe, un grupo de compañeros tomamos la decisión de no volver a nuestros lugares de trabajo. Ya nos estaban buscando, nos seguían el paso y sabíamos perfectamente, a causa de la represión desatada, lo que podía ocurrirnos. La renuncia de Raúl, palabras más, palabras menos, entre otras cosas decía que “abandono mi puesto de trabajo pero no la lucha, porque siempre voy a estar junto al pueblo”.

 

La noche del 8 de marzo de 1977, en una vivienda de los monoblocks de Villa Elisa, Raúl y su compañera fueron cercados por efectivos militares armados, como para enfrentar a un batallón, evacuaron las viviendas de los vecinos y le dieron media hora para entregarse.

Antes de cumplirse el plazo, pusieron la marcha peronista a todo volumen, y resistieron en combate desigual toda la noche sin rendirse. Durante años la casa quedó destruída, fue una imagen más del terror que implementaron los militares.

Todos tenemos un pedacito de Raúl Alonso dentro nuestro, todos tenemos un pedacito de cada compañero desaparecido; y el mejor homenaje que hoy podemos hacerles es juntar todos esos pedacitos con el compromiso de no olvidar, tener memoria y seguir luchando y soñando por una patria libre y una sociedad más justa, sin explotadores ni explotados.

La noche del 8 de marzo de 1977, en una vivienda de los monoblocks de Villa Elisa, Raúl y su compañera fueron cercados por efectivos militares armados, como para enfrentar a un batallón, evacuaron las viviendas de los vecinos y le dieron media hora para entregarse.

Antes de cumplirse el plazo, pusieron la marcha peronista a todo volumen, y resistieron en combate desigual toda la noche sin rendirse. Durante años la casa quedó destruída, fue una imagen más del terror que implementaron los militares.

Todos tenemos un pedacito de Raúl Alonso dentro nuestro, todos tenemos un pedacito de cada compañero desaparecido; y el mejor homenaje que hoy podemos hacerles es juntar todos esos pedacitos con el compromiso de no olvidar, tener memoria y seguir luchando y soñando por una patria libre y una sociedad más justa, sin explotadores ni explotados.