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Al igual que dos contendientes que tiran de una soga en sentido
opuesto, la lucha por el salario entre los trabajadores judiciales
y el Estado provincial presenta a dos adversarios con recursos
dispares, donde el contexto general y la fuerza disponible le
permiten ganar terreno a uno u otro. Es una pelea de largo aliento,
donde la movilización y el compromiso de cada compañero,
sumado a la articulación con el resto de los estatales,
puede inclinar el fiel de la balanza.
La disputa por la distribución del ingreso (y de la masa
salarial hacia el interior del Poder Judicial) está abierta.
El gobierno provincial pretendía, en marzo de este año,
imponer un incremento del 6 %, pagadero en dos cuotas (marzo
y agosto), e igual para todos. Con fuerza, decisión y
coordinación con el resto de los gremios nucleados en
la CTA, logramos un 21,6 %. Un 3,6 % más que el juez
de Corte.
A comienzos de septiembre el Poder Ejecutivo anunció
que no discutiría salarios hasta el año próximo,
alegando falta de recursos. Y otra vez quebramos el cerco. Si
bien el aumento del 5,7 % (que también nos permitió
recuperar porcentualidad, ya que no hubo aumento para el juez
de Corte), la recategorización de las dos últimas
categorías, la suba de las asignaciones familiares y
la generalización del cargo de jefe de despacho, no nos
satisfizo, implicó un nuevo avance.
Por los techos
La mejora salarial del 28,53 % que obtuvimos en lo que va
del año, sumado a la mejora de la tasa justicia respecto
al 2006, no alcanza para recuperar todo el poder adquisitivo
perdido desde la salida devaluacionista de la convertibilidad,
pero nos permite hacer frente a una inflación anual que,
según el Gobierno nacional será menor al 10 %,
y estimaciones independientes ubican en un 13,8%.
La dimensión de lo conseguido depende de nuestros deseos
y necesidades, pero también del contexto general. Basta
repasar los diarios para recordar que el Gobierno Nacional,
en concordancia con el empresariado y la CGT, plantearon una
suba salarial para todo el 2007 del 16 % y que el Consejo del
Salario, cuyos acuerdos nuestra Central cuestionó, estableció
un salario mínimo, vital y móvil de $ 960 para
octubre y $ 980 para diciembre.
Nuestro piso salarial subió, gracias a aumentos y recategorizaciones,
un 44 %. El inicio de la carrera administrativa, ascensos automáticos
mediante, vuelve a situarse en auxiliar 4°, cuyo básico
ahora es de $ 1.228,06. En el otro extremo del escalafón,
los oficiales mayores que alcancen 35 años de antigüedad
ya no se jubilarán con un básico de $ 2.023,92
sino de $ 2.499,22. Tiramos de la soga y superamos los techos
propuestos vía concertación e inflación.
Equilibrar la balanza
Sacar la cabeza de abajo del agua evita ahogarse, pero no
estar a salvo. Los avances sirven para fortalecer la lucha,
que desemboca en nuestro objetivo principal: lograr una justa
distribución del ingreso en la Argentina, cuya expresión
en el Poder Judicial es la recuperación plena del sistema
de porcentualidad. Este año achicamos 9.3 la diferencia
con el Juez de Corte, colocándonos en una porcentualidad
que supera el 51 %. Avanzamos, pero falta y mucho.
Vivimos en un país que crece, desde hace cinco años,
entre un 8 y 9 % anual, pero que, según un estudio del
Instituto de Estudios de la CTA, tiene índices de pobreza
que afectan a más de 14 millones de compatriotas y "muestra
una pauta distributiva de mayor desigualdad a la vigente a finales
de la Convertibilidad (2001), la que era a su vez de mayor desigualdad
a la que exhibía el inicio de la serie (1993)".
Si logramos un mayor compromiso, movilización y articulación
con resto de los trabajadores, podemos alcanzar nuestra anhelada
justicia distributival.
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