Termina un año duro, difícil. Un año donde los
trabajadores judiciales demostramos que unidos y con objetivos claros
podemos hacer valer nuestros derechos. A pesar del sentido común
que naturaliza el individualismo, el autoritarismo y la injusticia en
todas sus manifestaciones, recuperamos la acción solidaria y
colectiva que nos sitúa como protagonistas de la historia y no
como meros observadores.
Protagonismo que hizo posible, por ejemplo, romper el techo que el gobierno
fijó para las mejoras salariales. Si bien el 28,53 % de aumento
que obtuvimos este año es insuficiente, logramos un incremento
muy por encima al pretendido por el Estado. En este mismo sentido se
ubican la recategorización de los dos últimos niveles
(que mejoró nuestro piso salarial en un 44 %), la transformación
en Jefe de Despacho de todos los Oficiales Mayores con 35 años
de antigüedad y la equiparación con Nación de las
asignaciones familiares.
También pudimos subir el piso de la porcentualidad establecido
en las actas del 2005, desactivando los distintos intentos oficiales
de ignorar lo convenido hace dos años. De esta manera el nuevo
gobierno provincial se encuentra con una realidad insoslayable: la única
política salarial viable en el Poder Judicial es la recuperación
plena del sistema de porcentualidad salarial.
El pez por la boca muere
Este año también logramos hacer visibles las pésimas
condiciones de trabajo con las que convivimos a diario y que la Corte
tapaba bajo la alfombra. "El panorama edilicio de la justicia provincial
es gravísimo e impacta directamente en la calidad del servicio
del Justicia, porque, además de afectar la salubridad y la seguridad,
es determinante en el retraso en que incurren los juzgados", confesó
el Presidente del Tribunal, Daniel Soria, al diario La Nación
el 5 de noviembre último.
La Corte tuvo que ponerse a trabajar en soluciones concretas y ya no
puede seguir evadiendo su responsabilidad. A esta situación se
llegó después de las protestas públicas y masivas
de los judiciales en San Martín, Mar del Plata y La Plata, de
las denuncias de la AJB ante el Ministerio de Trabajo y de las múltiples
presentaciones realizadas por el gremio en Dolores, Mercedes, San Isidro,
Pergamino, La Matanza, Necochea y Zárate-Campana, entre otras
departamentales.
Por el mismo camino logramos enfrentar con éxito la multiplicación
de los problemas laborales en todo el ámbito provincial, denunciar
los casos de violencia laboral y hacernos fuertes en la defensa de la
carrera judicial, logrando que cada compañero sepa cuáles
son sus derechos antes de ser postergado en un ascenso. Todas estas
cuestiones, más nuestro rechazo al régimen disciplinario
que de manera unilateral dispuso la Corte, le dan contenido a nuestro
otro gran objetivo: el convenio colectivo de trabajo.
Pelea de fondo
Nadie duda que los avances alcanzados este año son parciales
y que hay que consolidarlos todos los días. Sólo podremos
hablar de soluciones definitivas, tanto a nuestras demandas salariales
y laborales como a la construcción de un nuevo modelo de Justicia,
cuando logremos, junto al resto de los trabajadores y el pueblo, hacer
más equitativa la distribución del ingreso y convertir
a la democracia formal en democracia real.
Este objetivo tiene una vía que se nutre y a la vez trasciende
la lucha sectorial: la realización de una Constituyente Social
que le fije otra agenda de prioridades tanto al Estado Provincial como
Nacional. Y para ello hay una herramienta fundamental: la Central de
los Trabajadores de la Argentina. Porque solos no alcanza, pero juntos,
podemosl
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